F(R)ICCIÓN | Sobre IA, conflicto y pensamiento

F(R)ICCIÓN

 

 

Escritorio con portátil abierto, cuaderno manuscrito y paisaje de montaña en un día de lluvia.

Hace años pensé que “fricción” era un error tipográfico.
Alguien había añadido una r a “ficción”.
Pero no.
Habían dado en el clavo.

La ficción con r se escribe en mayúsculas.

Hace unos días, mientras escribía el último capítulo de mi tesis, trabajaba con un modelo de lenguaje que se presenta como un bolígrafo: parece escribir solo, sin mano, sin intención. Hasta que resultó también tijera y decidió borrar el nombre de Albert Boadella por “altamente polarizante”. Es decir, por artista.

Y una se pregunta.

¿Es eso lo que viene?
¿Una política de CEO donde se elimina toda huella incómoda, toda idea que escape a la corrección feroz?

Qué pereza.

¿Qué queremos del mundo si no es sorpresa, complejidad, duda, enfado, risa, disgusto?
¿De dónde nace todo eso si no es de la fricción?

En mi investigación me pregunto si podríamos pensar Edipo asistidos por una IA.
Un hombre que mata a su padre y duerme con su madre para descubrir la verdad y acabar arrancándose los ojos.
¿Lo permitiría un sistema entrenado para ser “útil e inofensivo”?

La IA se parece cada vez más a una falsa esfinge.
Ya no pregunta. Responde.
Y en la respuesta se borran las preguntas.

Quizá exagero.
Quizá no es el fin de nada.
Pero sí es una señal.

Tal vez la tarea humana —esa que hoy está tan de moda poner en duda— no sea producir respuestas más rápidas, sino sostener la fricción.

Porque sin fricción no hay pensamiento.
Y sin pensamiento, la ficción pierde la r.


A raíz de este artículo de Arcadi Espada